De los residuos sólidos urbanos, el porcentaje correspondiente a materia orgánica representa el 44% del total. En la actualidad, y en cumplimiento con la legislación vigente, (Real Decreto 1481/2001, de 27 de diciembre, por el que se regula la eliminación de residuos mediante depósito en vertedero, la Ley 10/1998, de 21 de abril, de residuos), se procede al tratamiento de dicha materia orgánica en los ecoparques para su transformación en compost o abono mediante un proceso de compostaje.
Este proceso comienza con la separación física de la fracción orgánica de los residuos que entran en el ecoparque, constituyendo otra línea diferente de tratamiento.
Una vez separada, el proceso de compostaje tienes dos fases, fermentación y maduración (ambas pueden ser aeróbicas o anaeróbicas, es decir, proceso en presencia de oxígeno o sin presencia de oxígeno) y durante el mismo hay que tener en cuenta para la calidad del compost final, algunos parámetros como son el pH, la temperatura y la humedad. La fase de fermentación se puede hacer en túneles de fermentación o al aire libre.
CALIDAD DEL COMPOST
El objetivo del proceso es obtener un compost de calidad que cumpla con los niveles exigidos por la legislación vigente, para lo que hay que tener en cuenta los siguientes parámetros principalmente.
Para determinar estos parámetros se utilizan pruebas químicas, físicas y biológicas.
USOS DEL COMPOST
El compost es un tipo de enmienda orgánica, que actúa positivamente sobre el sistema suelo-planta, ya que el descenso de los niveles de materia orgánica en el mismo, condiciona una pérdida de la estabilidad estructural, con el consiguiente aumento de los riesgos de erosión y pérdida de fertilidad a medio y largo plazo.
Algunas de las mejoras en el suelo se deben a los aportes de nutrientes como el nitrógeno, fósforo o potasio que proporciona el compost.
La mejora de las propiedades físicas del suelo provocadas por la adición de compost, favorece el desarrollo de la cubierta vegetal, que es la principal precursora de la materia orgánica del suelo, evitando con ello procesos de erosión (principal causante de la degradación de los mismos) y reactivando la actividad microbiana y los procesos biogeoquímicos del suelo.